lunes, 21 de enero de 2013

La manta

Almudena Grandes El País 21-01-213

Forma ya parte de nuestras vidas. Que si Camps, que si Fabra, que si Costa, que si te digo yo que no, que si la trama madrileña, que si Gürtel, que si Brugal, que si Campeón... Desde que el juez —que ahora ya no lo es, ¡qué curioso!— Garzón empezó a seguirle la pista a los abogados de Correa, todos sabíamos que alguien, algún día, iba a tirar de la dichosa manta.
Ese pedazo de tela rancia y pestilente parecía encubrir la culpa de los corruptos, el entramado de responsabilidades compartidas por quienes han esquilmado este país en su propio beneficio, ladrones de guante blanco capaces de invocar la soberanía popular y el Estado de derecho para afirmar en público su inocencia, mientras en privado recurrían a un principio mafioso, mucho más eficaz. Si tú cuentas lo mío, yo cuento lo tuyo. Entretanto, aquí ha pasado de todo, tribunales recusados, fiscales desautorizados, sentencias incomprensibles, leyes redactadas a la carta, sumarios que se perdían, testigos que se arrepentían, procesos que explotaban en el aire como pompas de jabón... Así hemos llegado a este amargo final.
El abogado de Bárcenas ha dicho que su cliente aprovechó la amnistía fiscal de Montoro para blanquear su patrimonio personal, 10 millones de euros de los 22 que tenía en Suiza. Hacienda intentó desmentirlo y Bárcenas tiró de la manta, recordando en voz alta los sobres llenos de dinero —¿y por qué no dice quién se lo daba?— que repartió durante años, mientras ocupó el cargo de tesorero, por los pasillos de la sede del PP. Esa revelación resuelve el misterio de que haya ganado 10 millones en tan poco tiempo, desde luego, pero plantea un enigma más perverso. Porque, al salir volando, la manta ha dejado al descubierto la insoportable sensación de que quienes seguimos viviendo en la intemperie somos los ciudadanos de a pie. Los de siempre.

domingo, 20 de enero de 2013

Todo normal


Juan José Millás  18/01/2013 www.diarioinformacion.com

A ver, a ver, que aquí somos muy dados a la histeria. Lo de los 22 millones de Bárcenas en Suiza ya lo ha explicado él: eran de unos amigos a los que el extesorero del PP estaba echando una mano para mover un poco su dinero. Al dinero, cuando se queda quieto, se le nota su procedencia.
-Mira, es de una comisión ilegal.
-Que no, que es de un atraco.
-Ni de un atraco ni de una comisión, es de un desfalco.
A lo mejor no es de una cosa ni de otra, pero como a la gente lo que le gusta es criticar, al final el dinero tiene que viajar sin pausa para evitar la propagación de estas infamias a las que los españoles somos tan dados. ¡Pobre Bárcenas, el lío en el que se ha metido por echar una mano a su gente! Luego está lo de la amnistía fiscal de De Guindos, de la que podrían haberse beneficiado parte de esos 22 millones. 

Bueno, pues ya hay gente por ahí, en los bares, insinuando que se proclamó pensando en Bárcenas y en toda esa pasta de oscura procedencia. Vamos a ver: ¿en qué cabeza cabe que a todo un ministro de Economía, con el trabajo que tiene, le quede un rato (con minúscula) para perpetrar semejante atropello? La amnistía fiscal se hizo para echar una mano a la delincuencia grande en general y no pensando en Fulano o Mengano.
Está también el caso de ese señor que conduciendo en sentido contrario por una autopista se cargó a un pobre contribuyente y que ha sido amnistiado por el Consejo de Ministros. Pues bien, no habían pasado tres horas de la amnistía cuando alguien señaló que en el despacho de abogados que lleva la defensa del condenado trabaja un hijo del ministro de Justicia. ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra? ¿Son o no son ganas de buscarle tres pies al gato? Menos mal que el propio despacho se ha apresurado a señalar que el hijo de Gallardón no ha tenido nada que ver. Queda claro, pues, que no se trata de un caso de tráfico de influencias.
En cuanto a lo del ático del Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, ¿qué pasa? Pues nada, que se lo ha comprado. Ha ido al paraíso fiscal en el que lo habían puesto a la venta y ha llegado a un acuerdo con el testaferro que lo detentaba. Todo normal. A ver si no nos ponemos tan histéricos.

 http://www.diarioinformacion.com/opinion/2013/01/18/normal/1334783.html

miércoles, 2 de enero de 2013

Feliz año nuevo


ALMUDENA GRANDES 31 DIC 2012 El País

Empezamos mal, lo sé. La detestable herencia de 2012 proyecta una borrasca de negros nubarrones sobre nuestras cabezas. Hemos dado sangre, sudor y lágrimas, a cambio de más sangre, de más sudor y de más lágrimas, pero todavía quieren más, aún dicen que no es suficiente. Que, de momento, no van a subir el IVA, así que lo subirán. Que quizás ha llegado el día de revisar el derecho a la huelga, así que lo limitarán. Que tanta manifestación da muy mala imagen de nuestro país, así que buscarán una fórmula para seguir despojándonos de nuestro patrimonio, vendiendo empresas públicas, desmontando servicios, deteriorando la democracia y endureciendo las condiciones de vida de los más débiles, sin que la gente salga a la calle a protestar. Ahora la estupidez sucede al crimen. Nada tan oportuno como este viejo verso de Luis Cernuda para saludar al año que empieza.

Y sin embargo, yo les voy a pedir que sean felices. Que busquen en su interior la llama de una ilusión pequeña, pero tenaz, y la alimenten con mimo durante los 365 días que nos esperan. Que se cuiden, y cuiden a los que tienen cerca. Que sonrían a los adultos, que les hagan cosquillas a los niños. Que canten viejas coplas, alegres o nostálgicas, y bailen agarrados, que se besen mucho, todo lo que puedan, y se esmeren en cocinar platos sabrosos, barrocos, para disfrutarlos juntos en mesas vestidas con manteles blancos. Que aprovechen las mañanas de sol y las tardes de lluvia. Que se muestren orgullosos de su amor. Que lo derrochen.

La amargura nos hará débiles. La indiferencia, la desesperanza, la desunión de las víctimas, fortalece siempre a los culpables. No lo consientan. No les dejen entrar en su casa, emborronar sus paredes, secar sus macetas, acechar el sueño de sus hijos. Sean fuertes, por favor, y sean felices. Porque la felicidad es la mejor manera de resistir.



miércoles, 26 de diciembre de 2012

Feliz Navidad

 Almudena Grandes - El País 24.12.2012
 A los culpables, a los corruptos, a los indiferentes, a los insolidarios, a los mentirosos, lo único que les deseo es que se intoxiquen con una ostra justiciera
A los que luchan por la dignidad de todos. A los huelguistas de la sanidad pública, a los combatientes de la marea verde, a los investigadores y científicos que no quieren emigrar, a los trabajadores de Canal Nou, a los de Telemadrid, a todos los periodistas que no han renunciado a su oficio, a los voluntarios que paran los desahucios, a los jueces que se niegan a que la justicia se convierta en un privilegio, a los farmacéuticos que se saltan la ley a la torera, a los que trabajan gratis en cualquier sector para mantener en pie los servicios que este Gobierno está arrebatando a los ciudadanos cuyos intereses debería proteger, a los que se movilizan, a los que se indignan, a los que protestan por ellos y por los demás.
A los pequeños héroes de la vida cotidiana. A los pensionistas que mantienen a sus hijos en paro con una pensión raquítica. A los abuelos que esta noche cenarán una tortilla francesa para que sus nietos no se queden sin juguetes. A las cocineras que harán milagros con el dinero que hace poco se gastaban sólo en turrón. A los que cantan y bailan con un sapo atravesado en la garganta. A los que van a contribuir a encender las luces de sus casas con la miseria que cobrarán el 8 de enero por veinte días de trabajo temporal, sirviendo mesas o empaquetando regalos. A los que recuerdan Navidades mucho más pobres, y se extrañan de que éstas nos den tanto miedo.
A los que lo están pasando mal. A los que no tienen trabajo, a los que no ven la luz, a quienes no duermen por las noches, a quienes sienten que les han robado el futuro. A todos ellos, cualquiera que sea el significado de esas palabras en este año maldito, feliz Navidad. A los demás, no. A los culpables, a los corruptos, a los indiferentes, a los insolidarios, a los mentirosos, lo único que les deseo es que se intoxiquen con una ostra justiciera. Ojalá.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Una boñiga


 
Del mismo modo que los alemanes, según Phil K. Dick, ganaron la II Guerra Mundial haciendo creer a los aliados que la habían perdido, quizá el teniente coronel Tejero, tras fingir que se rendía, tomó para siempre el Parlamento. Fruto de ese golpe de Estado sería la realidad actual, en la que rige una Constitución que es papel mojado en sus máximas aspiraciones, ya que ni los españoles somos iguales ante la ley (y después de Gallardón menos) ni, según la última reforma laboral, tenemos el derecho al trabajo que antes al menos se nos reconocía en la teoría. Todo ello por no hablar de la entelequia esa de la vivienda digna o del acceso a la sanidad y la educación públicas. Nos ha tocado en suerte, por si fuera poco, un ministro de Cultura beato cuya máxima aspiración es parecerse a un toro bravo españolista (no hay toros bravos simplemente españoles). Más aún: se indulta a los banqueros ladrones y a los torturadores declarados mientras se deja escapar con triquiñuelas jurídicas a los capos de mafia internacional. Así las cosas, cuando el PP compara al 15M con Tejero, no hace otra cosa que desviar la atención de sí mismo. Ellos son Tejero. No solo incumplen el programa que los llevó al poder, sino que saquean al ciudadano obedeciendo órdenes de las mafias financieras internacionales. Nada de lo que inspiró la Constitución del 78, comenzando por su preámbulo, sigue en pie ahora mismo. Es cierto que se mantiene la formalidad de votar cada cuatro años, aunque ya el ciudadano ha quedado advertido de que la relación del partido ganador con su programa no es vinculante y que el voto, por lo tanto, vale lo mismo que una boñiga. ¿Quiénes, pues, son los verdaderos okupas, los que están dentro del Parlamento, teledirigidos por intereses foráneos, o quienes son minuciosamente apaleados, y en todos los sentidos, a sus puertas?

 http://elpais.com/elpais/2012/12/13/opinion/1355425686_952146.html

sábado, 13 de octubre de 2012

Un gilipollas

JUAN JOSÉ MILLÁS 12/10/2012 Informacion.es El Periódico de la Provincia de Alicante

Dicen que ese político del PP que aseguró que las leyes, como las mujeres, estaban para ser violadas, continúa todavía perplejo. Convencido de haber dicho algo ingenioso y profundo, que le catapultaría a las cimas de la política nacional, no acaba de comprender su situación. Amigo de la ministra Báñez, íntimo del presidente Feijóo, admirador de Aznar y devoto de Fraga, había expresado ideas semejantes en reuniones privadas con la complicidad y el aplauso de los presentes. ¿Qué rayos ha ocurrido para que aquello con lo que triunfaba en la intimidad le condujera al fracaso en la vida pública?
-Pues que hay que disimular, hombre -le habrán dicho sus compañeros-. Una cosa es lo que se piensa y otra lo que se dice. Todos sabemos para qué sirven las leyes y las mujeres, pero también sabemos para que está la medicación inhibidora y tú, a juzgar por el desparpajo del que haces gala, has dejado de tomarla.
Acto seguido, salió a la palestra Núñez Feijóo orgulloso de que su compañero de ideología hubiera dimitido a las pocas horas de haber dicho para qué servían las mujeres y las leyes. No se dio cuenta de que él mismo debería haberlo cesado al minuto siguiente de la declaración, de modo que también le traicionó el subconsciente. Es como si un policía se vanagloriara de que un asesino al que había podido detener el día 15 se entregara voluntariamente el día 18. Durante los tres días que permaneció fuera del calabozo podría haber cometido siete crímenes más. El señor para el que las mujeres y las leyes sólo servían para ser violadas podría haber perpetrado a lo largo de esas horas en las que dudó si dimitir o no otras siete declaraciones de semejante profundidad filosófica. No es un mérito, en fin, que él dimitiera sino un demérito que Feijóo o Báñez no lo cesaran.
Ahora bien, aquí estamos hablando todo el rato de ideología, es decir, de ideas, y no cabe duda de que este señor tiene las suyas. Es un hombre que piensa que las mujeres y las leyes solo sirven para ser violadas. Pensamiento político y existencial a tope, no lo negamos. Podríamos decir por tanto que ese señor, de cuyo nombre no queremos acordarnos, es un ideólogo. Pero preferimos decir que es un gilipollas. O sea, un ideólogo de la gilipollez.


http://www.diarioinformacion.com/opinion/2012/10/12/gilipollas/1303936.html

jueves, 4 de octubre de 2012

El cáncer de la gilipollez

Arturo Pérez Reverte - El País - XLSemanal - 24/9/2012

No somos más gilipollas porque no podemos. Sin duda. La prueba es que en cuanto se presenta una ocasión, y podemos, somos más gilipollas todavía. Ustedes, yo. Todos nosotros. Unos por activa y otros por pasiva. Unos por ejercer de gilipollas compactos y rotundos en todo nuestro esplendor, y otros por quedarnos callados para evitar problemas, consentir con mueca sumisa y tragar como borregos -cómplices necesarios- con cuanta gilipollez nos endiñan, con o sin vaselina. Capaces, incluso, de adoptar la cosa como propia a fin de mimetizarnos con el paisaje y sobrevivir, o esperar lograrlo. Olvidando -quienes lo hayan sabido alguna vez- aquello que dijo Sócrates, o Séneca, o uno de ésos que salían en las películas de romanos con túnica y sandalias: que la rebeldía es el único refugio digno de la inteligencia frente a la imbecilidad.

Hace poco, en el correo del lector de un suplemento semanal que no era éste -aunque aquí podamos ser tan gilipollas como en cualquier otro sitio-, a un columnista de allí, Javier Cercas, lo ponían de vuelta y media porque, en el contexto de la frase «el nacionalismo ha sido el cáncer de Europa», usaba de modo peyorativo, según el comunicante, la palabra cáncer. Y eso era enviar «un desolador mensaje» e insultar a los enfermos que «cada día luchan con la esperanza de ganar la batalla». Y, bueno. Uno puede comprender que, bajo efectos del dolor propio o cercano, alguien escriba una carta al director con eso dentro. Asumamos, al menos, el asunto en su fase de opinión individual. El lector no cree que deba usarse la palabra, y lo dice. El problema es que no se limita a expresar su opinión, sino que además pide al pobre Cercas «que no vuelva a usar la palabra cáncer en esos términos». O sea, lo coacciona. Limita su panoplia expresiva. Su lenguaje. Lo pone ante la alternativa pública de plegarse a la exigencia, o -eso viene implícito- sufrir las consecuencias de ser considerado insensible, despectivo incluso, con quienes sufren ese mal. Lo chantajea en nombre de una nueva vuelta de tuerca de lo política y socialmente correcto.

Pero la cosa no acaba ahí. Porque en el mentado suplemento dominical, un redactor o jefe de sección, en vez de leer esa carta con mucho respeto y luego tirarla a la papelera, decide publicarla. Darle difusión. Y así, lo que era una simple gilipollez privada, fruto del natural dolor de un particular más o menos afectado por la cosa, pasa a convertirse en argumento público gracias a un segundo tonto del culo participante en la cadena infernal. Se convierte, de ese modo, en materia argumental para -ahí pasamos ya al tercer escalón- los innumerables cantamañanas a los que se les hace el ojete agua de regaliz con estas cosas. Tomándoselas en serio, o haciendo como que se las toman. Y una vez puesta a rodar la demagógica bola, calculen ustedes qué columnistas, periodistas, escritores o lo que sea, van a atreverse en el futuro a utilizar la palabra cáncer como argumento expresivo sin cogérsela cuidosamente con papel de fumar. Sin miedo razonable a que los llamen insensibles. Y por supuesto, fascistas.

Ahora, queridos lectores de este mundo bienintencionado y feliz, echen ustedes cuentas. Calculen cómo será posible escribir una puta línea cuando, con el mismo argumento, los afectados por un virus cualquiera exijan que no se diga, por ejemplo, viralidad en las redes informáticas, o cuando quien escriba la incultura es una enfermedad social sea acusado de despreciar a todos los enfermos que en el mundo han sido. Cuando alguien señale -con razón- que las palabras idiota, imbécil, cretino y estúpido, por ejemplo, tienen idéntico significado que las mal vistas deficiente o subnormal. Cuando llamar inmundo animal a un asesino de niños sea denunciado por los amantes de los animales, decir torturado por el amor sea calificado de aberración por cualquier activista de los derechos humanos que denuncie la tortura, o escribir le violó la correspondencia parezca una infame frivolidad machista a las asociaciones de víctimas violadas y violados. Cuando decir que Fulano de Tal se portó como un cerdo irrite a los fabricantes de jamones de pata negra, llamar capullo a un cursi siente mal a los criadores de gusanos de seda, tonto del nabo ofenda a quienes practican honradamente la horticultura, o calificar de parásito intestinal al senador Anasagasti -por citar uno al azar, sin malicia- se considere ofensivo para los afectados por lombrices, solitarias y otros gusanos. Sin contar los miles de demandantes que podrían protestar, con pleno derecho y libro de familia en mano, cada vez que en España utilizamos la expresión hijos de puta.


http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/704/el-cancer-de-la-gilipollez/