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lunes, 26 de marzo de 2012

Desastre nueclear

JUAN JOSÉ MILLÁS
LAPROVINCIA@EPI.ES Jueves 22 de marzo de 2012

La crisis, siendo mala, se agrava día a día por los desechos atómicos que produce. 
La crisis empieza a ser un efecto colateral de sí misma, pues además de dejarnos sin un duro, ha instalado entre nosotros una metástasis de mentiras claras y de verdades confusas por las que uno se abre paso a base de machetazos dialécticos, como si caminara por la selva.
Cuando Rajoy, por ejemplo, dice que no es partidario, personalmente hablando, del recetazo, échense a temblar. 
Por cierto que algunos políticos siguen llamándolo "tique moderador sanitario". Un tipo que llama tique moderador sanitario a un impuesto del que dice que es una tasa o a una tasa de la que se afirma que es un impuesto, debería ser relevado inmediatamente de su cargo y entrar ya en una lista negra de personas incapacitadas para hacer política, es decir, para dedicarse a los asuntos públicos. Un tipo que cuando te cobra un euro suplementario por el jarabe para la tos te explica que ese euro sirve para moderar tus apetitos medicamentosos, te puede dar una puñalada en cualquier momento, y a traición. Ese tipo, al tipo al que se le ocurrió tal eufemismo, es un peligro público porque lo que te está diciendo es que no debes abusar de las recetas cuando las recetas las proporciona el médico, te está diciendo un disparate. Ese tipo es un mentiroso, en fin, un embustero que vendería una moto estropeada a su padre. 
De modo que usted tómese sin culpa las tres cucharadas de jarabe al día, sobre todo porque no se las ha prescrito usted, sino su médico, que se supone que sabe lo que hace. La crisis es también una crisis del jarabe para la tos, de la vacuna para el niño, de la pastilla para la tensión del abuelo. La crisis ha devenido en una crisis de las cosas pequeñas o aparentemente pequeñas y ahí es donde empieza el desastre nuclear, donde comienzan las dificultades respiratorias, como cuando los dictadores suprimen la libertad en nombre de la libertad o como cuando se nos azota por nuestro bien. 
La cosa pública se ha llenado de azotadores, de mentirosos, de publicistas encargados de buscar expresiones como la señalada más arriba para decir lo que no es, para falsificar la realidad. Montoro, por cierto, ha asegurado que no volverá a subir los impuestos. Mal asunto.

http://www.laprovincia.es/opinion/2012/03/22/desastre-nuclear/447219.html

domingo, 11 de marzo de 2012

Entonces será tarde

JUAN JOSÉ MILLÁS
Información.es 10/03/2012

 http://www.diarioinformacion.com/opinion/2012/03/10/sera-tarde/1232342.html


Un hombre se quita el cinturón y se dirige hacia una mujer dispuesto a azotarla. No es un hombre cualquiera, ostenta un cargo de representación, es un miembro ilustre de la sociedad, un espejo en el que muchas personas se miran. La escena, por otra parte, no se desarrolla en Arabia Saudí, tampoco en el interior de un sueño. Todo sucede aquí, en la realidad palpable, aunque las imágenes poseen la blandura viscosa de las pesadillas, su liquidez espesa y de contornos difuminados, pues están grabadas con un teléfono móvil y en condiciones difíciles. En todo caso, el sujeto amenazante es uno de los nuestros y la mujer amenazada una de las nuestras. Quiere decirse que permanecemos perplejos viéndonos a la vez con el cinturón en la mano, pero también debajo de él. El asunto es tan grotesco, tan de falla valenciana, que se despacha fundamentalmente a base de humor.

Las fallas nos mostrarán dentro de unos días, magnificados, todos nuestros defectos. Una falla es con frecuencia un editorial: pone el foco en un asunto para retratarlo desde todos sus ángulos con la claridad con la que vemos una ameba al microscopio. Solo que en la ameba, al contrario que en las fallas, no hay humor. Si a la realidad le quitas su cuota de retórica, si la limpias como a un pescado, sacándole los lomos, aparece un tipo con un cinturón azotando a una chica. A veces, la retórica se diluye con el paso del tiempo. El tiempo tiene algo de lejía, de Ajax Cloro, de Fairy quitagrasas. Observado, por ejemplo, desde hoy el aplauso encendido que el PP se dio a sí mismo tras decidir participar en la guerra de Irak, se nos ponen los pelos de punta. Estaban dando un sí alegre a un acto terrorista que produjo miles de muertos civiles, miles de torturas, millones de mutilaciones. ¿Volverán a revivir algunos de los aplaudidores, al cerrar los ojos cada noche, aquella alegría infantil provocadora de tanto sufrimiento?

Dentro de unos años, cuando repasemos, despojadas de la retórica actual acerca de a crisis, las imágenes del Congreso en las que se votó y se aplaudió la reforma laboral, ¿qué pensaremos? Nos darán tanta vergüenza, creo, como las del tipo que se quitaba el cinturón para amenazar con él a una mujer. Pero entonces será tarde.

martes, 6 de marzo de 2012

No se ofendan ustedes y ustedas

 

Por: Ricardo de Querol | 06 de marzo de 2012

En España también había un guiñol divertido e irreverente, en el que el hoy casi olvidado lehendakari Juan José Ibarretxe aparecía como el paladín del lenguaje no sexista. "El lehendakari o lehendakara defenderá este proyecto o proyecta de estatuto o estatuta", pronunciaba el muñeco con solemnidad. Ibarretxe, en efecto, no paraba de dirigirse a "los vascos y las vascas". Carmen Romero soltó hace tiempo un comentadísimo "jóvenes y jóvenas", y Bibiana Aído se estrenó en el Gobierno con un "miembras" que años después de su gazapo todavía se escucha a menudo. No son más que anécdotas, pero reflejan el empeño de muchas autoridades por ser políticamente correctas, con el riesgo de bordear lo ridículo, de alejarse años luz de cómo se expresa la gente común. Sin embargo, el primer gran libro en castellano, el Cantar del mío Cid, ya cuenta que a Rodrígo Díaz de Vivar lo recibieron en Burgos "mugieres e uarones, burgeses e burgesas", quienes pensaron: "¡Dios, que buen vassallo, si ouiesse buen señore!", según uno de los párrafos más conocidos de la obra anónima escrita en torno a 1200.

El lenguaje es una creación cultural. Como tal, refleja el contexto social, los prejuicios más antiguos, una visión del mundo dominante en la historia. Es una obra forjada durante siglos, pero no es inmutable. Los que utilizamos el español lo hacemos evolucionar (un poquito) todos los días. Hay expresiones que van entrando en desuso por ofensivas: ya no decimos minusválidos, sino discapacitados, porque nadie es menos válido como persona porque le falte una pierna; por alcaldesa ahora todo el mundo entiende la mujer que preside el municipio, y no la esposa del alcalde. Hemos dejado de hablar de crimen pasional, porque daba un aura romántica al asesinato machista. Ya casi nadie se referiría a un homosexual como un invertido, ni cabe llamar gitano a un estafador, pero la RAE mantiene en su Diccionario esos usos viejos porque, argumenta, están en nuestra literatura (y en los usos de algunos ejemplares menos evolucionados de nuestra especie, podemos añadir).

La dura respuesta de la Real Academia Española a la presión por el llamado lenguaje no sexista ha levantado una enorme polémica. En las redes sociales, que echan humo, se está recordando ahora que esa institución solo cuenta a cinco mujeres entre su cuarentena de miembros, que tiene un claro sesgo conservador, que a lo mejor ellos también están lejos de la calle. Otros lo interpretan como una intervención en defensa de la propia parcela de poder: el artículo de Ignacio Bosque se queja, sobre todo, de que nadie haya consultado a la Academia a la hora de elaborar esas guías; ni siquiera a los lingüistas de las universidades en que se escribió alguna. Es lógico que los especialistas estén preocupados ante la posibilidad de que sean los políticos, por ejemplo una consejería o concejalía de Igualdad, la que dicte normas sobre el idioma.

También los periodistas llevamos mal las sugerencias del poder político sobre cómo debemos hacer nuestro trabajo. Pero en esta polémica los que estamos en un aprieto somos, sobre todo, quienes compartimos la sensibilidad combativa con la discriminación de la mujer pero nos sentimos muy incómodos dentro del apretado corsé lingüístico de lo políticamente correcto.

A los medios nos llegan esos manuales de lenguaje no sexista que elaboran grupos de expertos en igualdad de algunas universidades e instituciones. Los he leído con interés (aquí enlazaré algunos: el del Ayuntamiento y Universidad de Málaga, el de la Generalitat valenciana, el de Fundación Mujeres, y uno brevísimo de Themis). Pero he concluido que no puedo cumplirlos. Violaría reglas de la RAE y de nuestro Libro de Estilo, e incumpliría nuestra obligación de publicar textos claros, fáciles de leer y de entender. Los manuales antisexistas son bienintencionados pero maniqueos: dan a entender que si no estás con ellos, estás contra ellos. Si no escribo "los ciudadanos y las ciudadanas", o peor aún "l@s ciudadan@s", ¿estoy reforzando el machismo histórico, volviendo invisible a la mitad de la población? ¿Tengo que escribir "la juventud" en vez de "los jóvenes", "el vecindario" en vez de "los vecinos", aunque no signifique exactamente lo mismo, para no parecer excluyente? Yendo más al fondo de la cuestión: ¿tener que decir siempre "los ciudadanos y las ciudadanas" no parece remarcar que no hay un único sujeto, sino dos grupos separados, que no forman un algo común? ¿No existe una identidad colectiva más allá del sexo o del género?

Levanto, además, las banderas de la belleza y la economía del lenguaje. Alargar todas las frases, y volverlas así más feas, nos llevaría a una escritura farragosa y de aroma burocrático: "Los españoles y las españolas eligen a sus diputados y diputadas y a sus senadores y senadoras, para que los y las representen en el Parlamento". Cosas así se leen en libros de texto escolares. Ya puestos, confesaré todo: incluso me chirría lo de "jueza" y "concejala", aceptado por la RAE, si ellos no son "juezos" ni "concejalos". ¿No es suficientemente neutro juez o concejal? Nunca me presentaré como "periodisto", y es que hay un enorme abanico de oficios muy masculinos que terminan en "ista" sin que a nadie le ofenda. Y hay una corriente de mujeres que se niega a convertir en femenino el nombre de las profesiones, y que son médicos o soldados así, con o. La desaparecida Loyola de Palacio prefería ser llamada "ministro", y Ana Patricia Botín "presidente" cuando estaba al frente de Banesto.

Un problema de los manuales antisexistas es que pretenden batir de un solo golpe un elemento capital de la lengua española. Las palabras en castellano tienen género, que es una forma caprichosa de atribuirles carácter masculino o femenino. El paraguas es masculino y la sombrilla es femenina; el coche es chico y la moto es chica; son distintos la pelota y el balón, la espada y el sable, el ordenador o la tableta. La oca es oca sea cual sea su sexo, como la ballena o el escorpión, y la rana no es la hembra del sapo. Manejamos un idioma nacido del latín vulgar hace más de un milenio, y en ese proceso resultó, caprichos de la historia, que el plural masculino se impuso como genérico, a diferencia de otras lenguas que salvan la neutralidad de las palabras que no se refieren a humanos.

El plural genérico nos ofrece no pocos conflictos a los que nos dedicamos a escribir. Colectivos tradicionalmente femeninos son hoy más diversos, pero en el habla común se sigue apelando a "las enfermeras", "las azafatas" o "las empleadas del hogar" pese a que esos colectivos ya incluyen a algunos hombres. De ahí que nazcan eufemismos como "los ATS" o "los auxiliares de vuelo". Nos suena mal, aunque está admitido, referirnos a los "azafatos". ¿Y cómo se llama al hombre que trabaja como madrona? Matrón, según el artículo enmendado del Diccionario. Esta no es una polémica menor: parece dar por supuesto que hay empleos destinados a las mujeres y a los hombres. Alguno ha defendido, sin éxito alguno, que la RAE reconozca el  plural femenino también como genérico en ciertos casos. Que al hablar de las enfermeras se entienda que están también los enfermeros.

Vale. Nos recuerda la Academia que en nuestra lengua no coinciden sexo y género, y que el plural genérico es el masculino guste o no. ¿Cabe rebelarse contra ello? Era una gran ingenuidad enfrentarse a una de las reglas principales del idioma para hacerlo más complicado y no más sencillo, y sin demasiado consenso social por muy loable que sea el objetivo. El intento toca la fibra sensible de lo identitario: en cierta medida, somos nuestra lengua. No estamos para muchos experimentos con eso. Y ¿es la lengua un invento masculino? Aceptarlo así sería injusto para tantas generaciones de madres que han transmitido a sus hijos la tradición oral desde muchos siglos antes de que hubiera academias o imprentas. Lo que sí es un mundo demasiado masculino son las academias, como salta a la vista, y quizás también las imprentas.

Seguramente no deban ser las academias las que innoven el lenguaje, sino sus hablantes, y ya tendrá esa institución que admitir los cambios una vez que se hayan asentado entre la gente. Dudo que se consolide este artificioso lenguaje no sexista tal y como se ha planteado, obligando a repetir artículos, nombres y adjetivos en cada género; menos aún retorciendo el lenguaje para evitar el plural. Hay muchas expresiones que desterrar del lenguaje habitual porque resultan ofensivas, y que se quedarán un largo tiempo en el Diccionario porque figuran en textos del siglo de oro.

Tampoco prohibirá la Academia a ningún político que se dirija a los "ciudadanos y ciudadanos", porque la fórmula es poco práctica y se rechaza su imposición, pero en absoluto es incorrecta. Ya quiso escribirla, con sorprendente corrección política, el anónimo cronista de las proezas del Cid, como recoge el interesante estudio Sexismo y lenguaje de Soledad de Andrés, de la Complutense. Estudio, por cierto, escrito en 1998, y que ya recoge la resistencia a la fórmula supuestamente igualitaria por Álex Grijelmo, autor del Libro de Estilo de este periódico, frente a la presión, ya entonces, del feminismo. Esto nos hace pensar que el debate lleva tiempo muy caliente y que la guerra al sexismo, también en el idioma, va para largo. A mí no me han convencido todavía de que deba desdoblar mi lenguaje para referirme a ustedes y a ustedas. Aunque asuma que la lengua, como la sociedad, deben seguir evolucionando. Ya lo recogerán las academias.

sábado, 3 de marzo de 2012

El déficit, la democracia y la calle. La rebelión no ha hecho más que comenzar


Carlos Carnicero

 29 Feb 2012



El Banco Central Europeo (BCE) ha vuelto a poner a disposición de los Bancos la inmensa cantidad de 500.000 millones de euros (83 billones de las antiguas pesetas) a un interés preferente del 1%). Y sin embargo ni el crédito fluye ni fluirá porque no hay ningún mecanismo de control para que los bancos destinen este dinero a comprar deuda especulativa. Mientras tanto las exigencias de la UE y del FMI aprietan las cuerdas al cuello de los ciudadanos con recortes que van a destruir el estado del bienestar y van a empobrecer a generaciones de ciudadanos del sur de Europa. ¿Todavía hay algún ingenuo que piensa que no va a haber una contundente respuesta social?


Las estadísticas, los datos, y las leyes se hacen carne cuando los ciudadanos perciben sus efectos. Hay un cóctel de noticias que son explosivas. Urdangarín no devuelve la pasta y habla de sus paraísos fiscales echando la porquería a su socio; él no se manchaba, solo abría puertas para que otros recogieran el dinero. La Generalitat Valenciana implicada en un asunto grave de corrupción. Algunos cargos políticos se quedaban con el dinero que los ciudadanos, a través de sus impuestos, dedicaban a paliar la miseria en Haití. El director general del Santander recibe un plan de pensiones de 63 millones de euros más otros 2,8 al año mientras viva. El BCE riega a la banca con 500.000 millones de euros pero los créditos no llegan a los ciudadanos ni a las empresas.

Los españoles han notado el hachazo de los nuevos impuestos sobre la renta en la nómina de este mes. Los “barones” del PP presionan a Rajoy para que no les afecten los recortes que vienen a los gastos de sus comunidades: temen la rebelión de la calle…. En Cataluña, los padres acuden los fines de semana con sus propios productos a limpiar el colegio de sus hijos. Cinco millones de parados ven como se acaban o se han acabado ya las prestaciones de desempleo. Un millón de personas viven en un entorno que no tiene ningún ingreso. Cualquier empresario, apenas sin requisitos puede poner en la calle por cuatro perras a sus trabajadores. El concepto de seguridad se ha evaporado; ningún ciudadano común puede planificar su futuro.

Los estudiantes siempre son el avance de la rebelión. Ya están en la calle.

¿Alguien pensaba que, incluso en esta sociedad dormida, la destrucción del estado del bienestar no iba a tener una respuesta de la ciudadanía? Mariano Rajoy tiene guardada el hacha de los presupuestos al día después de las elecciones andaluzas. Otra vez oculta lo que tiene decidido hacer para no perder un solo voto. Otra vez trampas en el juego de esta democracia amenazada por la especulación y la falta de compromiso con los ciudadanos.

El estallido social no solo es inevitable sino necesario. El que quiera entender esto como una incitación al desorden no entiende de qué estoy hablando. La democracia no se acaba en las urnas; empieza en las urnas. Y si los que ganan las elecciones lo hacen desde el engaño su actitud debe ser corregida por la ciudadanía. Y la protesta pacífica es el arma de los ciudadanos contra los abusos de poder que vulneran sus derechos adquiridos.

La señora Merkel, nuestra madrastra, tiene como única preocupación las elecciones en Alemania del año que viene. Los diarios sensacionalistas alemanes hablan continuamente de “los vagos del sur”; otra vez la supremacía de la raza aria. Establecen que ellos son honrados, trabajadores y responsables. Nosotros corruptos, indolentes y aprovechados. El sueño de la Unión Europea, un universo de solidaridad de mujeres y hombres iguales, se desvanece. Lo que nos ofrece son sacrificios a los ciudadanos y la visión obscena de un stablishment que sigue acumulando cada vez más riqueza y abriendo una desigualdad feudal en nuestra sociedad.

Creímos que la Unión Europea era un universo de solidaridad. Es sueño está a punto de convertirse en una pesadilla. Establece Alemania que el trato económico no tiene que tener ya en cuanta las desigualdades. España tiene necesidad de transformar su sistema económico. Nunca lo podremos hacer con una política de austeridad en las inversiones. ¿Con cinco millones de parados, en recesión, ¿es razonable el trato que se nos exige para paliar el déficit?

Si siguen adelante las instrucciones de Bruselas de recortar gastos e inversiones para pagar las deudas, esa espiral condenará a la pobreza, probablemente, a varias generaciones de españoles.

La alternativa es la presión política y social para cambiar esos criterios. Que se enteren claramente que España no es una sociedad resignada a destruir las históricas conquista sociales consagrando una desigualdad creciente entre los que más siguen teniendo y los que cada vez son más pobres.

Si la Europa del Sur se rebela, los criterios terminarán por ser distintos. Y la iniciativa no la va a llevar este PSOE desnortado. Los trabajadores y los ciudadanos con sus pacíficas protestas son quienes tienen la llave de este cambio imprescindible. La historia está llena de ejemplos de que las sociedades cambian cuando la indignación es mayor que el miedo.
 

http://ccarnicero.com/2012/02/29/el-deficit-la-democracia-la-calle-la-rebelion-ha-hecho-mas-comenzar/#more-4357

martes, 21 de febrero de 2012

Micrófonos

Almudena Grandes EL PAÍS 13 FEB 2012
 
No existen adjetivos para calificar la vergüenza que representa la condena a Garzón por el caso Gürtel

Luz y taquígrafos. Por más que nuestras instituciones democráticas desdeñen a diario su propia tradición, esta expresión acredita la antigüedad del parlamentarismo español. Podría pensarse que está anticuada, pero es un error. Debemos seguir pidiendo luz y taquígrafos, porque ninguna perversión tecnológica es comparable a la que ha desvirtuado la naturaleza de los micrófonos en los últimos días.

Concebidos para amplificar la voz humana, para dejar constancia de la verdad, los micrófonos se han convertido en la herramienta más útil de los que estafan, de los que mienten, de los que engañan. Rajoy los empleó en campaña para prometer que iba a acabar con el paro, y los volvió a usar en Bruselas para cargar a los sindicatos con la responsabilidad de una huelga general. Guindos ha vuelto a convocarla al asegurar, ante un micrófono, que la reforma laboral será “extremadamente agresiva”, aunque no evitará que 2012 termine con casi seis millones de parados. Pero, una vez más, el Tribunal Supremo se lleva la palma. Porque no existen adjetivos para calificar la vergüenza que representa la condena a Garzón por el caso Gürtel.

Cuando en España se pedían luz y taquígrafos, se llamaba a las cosas por su nombre. Los micrófonos que instaló un juez para probar un delito continuado de corrupción, no sólo han servido para condenarle. También han provocado, a juzgar por las declaraciones del abogado de Correa, la nulidad virtual de la causa contra su cliente. Tras la absolución de Camps y Costa, los delincuentes no sólo vuelven a ganar, sino que logran apartar de los tribunales al juez que probó su delito, y por último, pero quizás en primer lugar, persuadir a todos los demás de que les conviene pensar dos veces antes de actuar contra ellos. Yo sólo puedo añadir que tengo tres hijos. Y que me aterra pensar en el país donde van a vivir.


http://elpais.com/elpais/2012/02/10/opinion/1328876319_656172.html

Cartón piedra

¿Por qué entonces invertir dinero en levantar las pistas defectuosas y volverlas a hacer?

JUAN JOSÉ MILLÁS 17/02/2012

¿Qué importa que las pistas del aeropuerto de Castellón estén mal hechas si han sido concebidas para que las personas paseen o merienden y no para que los aviones aterricen? A veces nos pierde el afán perfeccionista. Ya sabemos que un aeropuerto de juguete es un aeropuerto de juguete y que de ningún modo puede ofrecer las prestaciones de uno de verdad. ¿Por qué entonces invertir dinero en levantar las pistas defectuosas y volverlas a hacer? Esa obsesión por el detalle nos trae a la memoria un momento de Toma el dinero y corre, aquella película de Woody Allen en la que unos presos que planean fugarse de la cárcel disfrazados de guardianes se ponen también, para que todo sea perfecto, los calzoncillos y las camisetas de los funcionarios.

No es preciso llegar a esos extremos de refinamiento ni para huir de la cárcel ni para construir aeropuertos de ficción. La ventaja de los aviones imaginarios es que aterrizan en cualquier sitio, por favor, suficiente disparate ha sido la contratación de halconeros que vigilan en horario continuo el espacio aéreo de la zona para controlar a las rapaces. La única rapaz verdaderamente peligrosa, y de la que nos deberíamos haber cuidado antes, se llama Carlos Fabra, que se encuentra ya en franca decadencia, buscando avales para evitar la cárcel.

Otra cosa es que nos preguntemos por qué un aeropuerto de juguete nos ha salido por el precio de uno de verdad. O por qué la estatua gigante del falso prócer que figura a la entrada de las instalaciones es de bronce y no de cartón piedra, como las figuras de las fallas, que el 19 de marzo se queman y a otra cosa mariposa. A ver dónde metes esa cabeza gigante cuando la gente de Castellón se canse de hacer picnic en las pistas mal diseñadas del aeropuerto más famoso de España. Este país siempre ha sido inflacionario desde el punto de vista de las estatuas. Todavía no sabemos qué hacer con las de Franco, que además son ecuestres. Esto nos pasa por confundir la ficción con la realidad. Claro, que si le preguntaras a Fabra diría que no son las pistas las que están mal, sino los aviones. Si de él dependiera, rectificaría toda la flota mundial, lo que costaría un dinero. ¡Menuda lotería!

http://www.laprovincia.es/opinion/2012/02/17/carton-piedra/439403.html

miércoles, 15 de febrero de 2012

Sísifo carga de nuevo con su roca o el momento más difícil del sindicalismo


Desde el pasado lunes cualquier empresario de nuestro país puede cambiar la categoría laboral, la jornada y el sueldo de cualquiera de sus trabajadores. Puede despedirlo con una indemnización que nunca superará una anualidad de su sueldo -en la mayoría de los casos casi gratis- y no estará obligado a regirse por un convenio colectivo.
En este momento, triste y doloroso, uno no puede sino echar la vista atrás y situarse en la España de los sesenta del pasado siglo. Una dictadura sangrienta e histriónica lo dominaba todo. Se cantaba el “cara al sol” en las escuelas y las manifestaciones de protesta de los trabajadores de la construcción, pongamos por caso, se disolvían a tiro -a dar- limpio.
Unos hombres y mujeres íntegros, esforzados, se reunían a escondidas, guiados por un sentido de dignidad y rebeldía para organizar y defender a los trabajadores. Marcelino, Nicolás, Macario, Salce, Soto, Saborido, el cura Paco… Se pasaban tres días en la cárcel y uno en libertad. Pero hicieron que otros se les sumaran, que se plasmaran reivindicaciones, que las cosas se discutieran y aprobaran en asambleas.
Fue una lucha tenaz, dura, robando horas y horas a la seguridad propia y a la familia. Dejándose girones de piel en magistraturas y despachos laboralistas, pero la semilla germinaba, los convenios colectivos recogían derechos en sueldos, categorías laborales, seguridad e higiene en el trabajo…
Aquel esfuerzo colectivo maduró y trajo la democracia a nuestro país, como un bastión casi tan importante como el que desarrollaron los partidos políticos frente a la podrida dictadura, con episodios de sangre derramada ante el plomo fascista, como el de un oscuro piso de la calle de Atocha.
En mi realidad provincial y cercana, hombres (y mujeres) duros y sensibles a un tiempo, como Manolo Rubia, Emilio Fernández, Ildefonso Jiménez, German Toledo, García Rúa, Eduardo Cerezo, Filomeno Aparicio, Rafael Martínez, Antonio Hens, Mari Carmen Santiago, Rafael de la Peña, Frasquito Ojos Claros, Ildefonso López, Juan de la Cruz, Manolo Caballero, José Mari Fuentes, Paco Cáliz, Fernando Vico…es decir, socialistas, comunistas, anarquistas, cristianos de base y hasta falangistas, daban lo mejor de si en construir y edificar, sobre secano, organizaciones, sindicatos, ramas y modelos personales de compromiso e integridad para fortalecer los derechos y la dignidad de un sector de la sociedad: el más desprotegido y castigado.
Desde el pasado lunes, ese esfuerzo generoso, esa inversión en vida e ideología del hombre nuevo ha sido tirado por la borda por unos “okupas” de la democracia y hasta tenemos que oír que un aborto de ella –de la democracia- como Dolores de Cospedal diga que los autores y perpetradores de este terrorismo masivo son “el partido de los trabajadores”.
Los tuétanos de Marcelino y Filomeno se estarán removiendo en su tumba, pero, ya basta de lamentaciones.
Rubia –con tus tres válvulas en el corazón-, Germán, Eduardo, Laure… , hay que coger de nuevo la carretera y la manta, el megáfono y hasta el ciclostil y la vietnamita y volver a las escaleras de las fábricas, a las plazas, eras y cortijos de los pueblos, a las obras y a los despachos enmoquetados de los bancos. Con nuestra voz y nuestra idea.
No podemos permitir que una niñata del Opus disfrazada de ministra, un banquero estafador que se ha caído de un guindo o un negrero esclavista, invertido registrador de la propiedad, hagan humo y cenizas de nuestro esfuerzo.
Con la mirada fija en el horizonte, recogiendo los restos del destrozo, tenemos que volver a la carga, como Sísifo, con nuestra roca. Montaña arriba. Esa es nuestra biografía.

lunes, 13 de febrero de 2012

Petición

Petición

Almudena Grandes El País 06/02/2012

Yo sé que Angela Merkel no va a leer esta columna. No va a leerla Nicolas Sarkozy, ni David Cameron, ningún líder de la derecha europea, y sin embargo, me dirijo a ellos. Escribo pensando en los diputados del Partido Popular de Estrasburgo, los representantes de los partidos conservadores que surgieron tras la victoria aliada en la II Guerra Mundial para integrarse, sin miedos y sin complejos, en los regímenes democráticos que se fundaron en la incondicional repulsa del fascismo.
Por eso, el estupor que inspira en Europa el proceso al juez que intentó investigar los crímenes del franquismo no tiene un color específico. Los diarios conservadores también han publicado editoriales muy duros, en los que se duda de la imparcialidad de la justicia española. Es lógico. De entrada, y sin contar con los escalofriantes testimonios de las víctimas que seguirán reviviendo el horror en voz alta durante meses, las organizaciones que ejercen la acusación particular serían ilegales en la mayoría de las democracias europeas, donde la apología del fascismo es un delito.
Yo, no pretendo engañar a nadie, soy una mujer de izquierdas. No por eso voy a incurrir en la torpeza de responsabilizar al PP de la actuación de la Sala Segunda del Tribunal Supremo. No es cierto y, por tanto, no sería justo. Pero creo que el hecho de que la derecha española sea la única en toda Europa que nunca ha querido desvincularse expresamente de la experiencia fascista, puesto que jamás ha condenado el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, es un factor clave en el enrarecimiento atmosférico que hace posible que se celebre un juicio como este. Por eso, me atrevo a pedir a la derecha europea que reflexione sobre las implicaciones morales de la actitud de su socio español. Quizás sea ese el único amparo al que todavía puedan recurrir las víctimas del franquismo.

http://elpais.com/diario/2012/02/06/ultima/1328482801_850215.html

domingo, 12 de febrero de 2012

Queridos 'ayatobispos'

MARUJA TORRES 05/02/2012

Queridos 'ayatobispos'


"Me fascina vuestra necesidad de meter baza en los asuntos sexuales de la gente"

Esta es la carta que os dirige una simple mujer que, aunque no ha perdido el sueño de un país laico en el que ni vosotros, ni vuestros pares de cualquier otra religión, metan cuchara en la vida de los ciudadanos, y que, aunque ahora mismo no deja de canturrear el Himno de Riego por el pasillo de su casa... Pese a ello, y ni siquiera con este bagaje ético-estético a mis espaldas, puedo dejar de reconocer que:

¡Sois la bomba! Sois unos petardazos. Sois la falla. Sois el incendio de Roma. Sois la hostia.

Todavía me siento conmocionada por la habilidad con que disponéis del espacio escénico en cuanto avistáis una mínima posibilidad de enrollaros el marabú, saltar a la pasarela y acaparar el foco. No caeré en la tentación de proclamar que todos los cardenales, arzobispos y obispos sois iguales -consciente como estoy de que los hay notablemente peores-, pero sí me precipitaré en la de confesaros que me fascina vuestra perseverancia. A propósito, si me entrego al tuteo es porque, en este caso, el tuteo tiene razones que el corazón no entiende, como detallaré más abajo.


Por el momento, dejadme seguir alabando vuestro sentido de, por ejemplo, la imitación. Como los asesinos de mujeres, o como los suicidas, que se entusiasman los unos a los otros al contemplar, al enterarse de lo que han hecho, los ayatobispos debéis de experimentar el gusanillo de la emulación, y os emuláis, pues, los unos a los otros, que da gloria, en las declaraciones sobre el sexo y las costumbres privadas. No falla nunca: sale un obispo, y poco después le refuerza un arzobispo. O declama un cardenal, y acto seguido saltan los coros de hombres píos.

Y cómo os calienta la temática de la intimidad carnal. ¿Es porque no la catasteis? Porque no será por principios. De sobra sabéis que el dios que predicáis -el del amor al prójimo-, si existiera, os habría hecho butifarra hace ya un par de milenios.

Siempre me ha fascinado vuestra ansiosa necesidad, la compulsión que sentís de meter baza en los asuntos sexuales de la gente. ¿Es vuestra forma de practicar el sexo? ¿Es vuestra versión del sexo oral? Posiblemente, pero debo deciros que resulta repugnante enfocar -aunque la prefiero a que os entreguéis a la pederastia, otro efecto contagio que os posee demasiado a menudo-, por ejemplo, un primer plano de los labios del obispo de Tarragona cuando, con sumo deleite, anatematiza a los gays, y se complace en negar derechos a las mujeres, y en hablar de partos -vosotros: ¡de partos!-, y en tratar al hombre (al tradicional suyo, no al verdadero: tranquilos) de chiquitín de la casa. Por todos los demonios, qué espectáculo tan asqueroso. Unos delgados, yertos, estériles labios opusinos, hablando de las cosas de la vida.

¿dónde os educan, de dónde salís? ¿En qué criadero os reproducís, criaturas mutantes que constantemente camináis hacia atrás, que os refociláis en el tenebrismo y que sólo entendéis el sacrificio de cintura para abajo y de libertad para arriba? ¿En qué lugar de vuestro organismo os colocan el resorte que hará que saltéis una y otra vez -retrocediendo, simultáneamente, a la oscuridad de los tiempos- para contarnos lo que opináis -vosotros, seres ociosos y empingorotados- de nuestras formas de vida? ¿Acaso el mecanismo se encuentra entre vuestras piernas, de ahí que os avise, con la frecuencia de la frustración, cuando oteáis que otros satisfacen su cuerpo de espaldas a vuestros anatemas?

Ésta es la carta que os dirige una mujer. Una simple mujer que ejerce el derecho a tutearos esgrimiendo, como razones, esos 13.266.216,12 euros que, durante todo este año, el Estado entregará mensualmente a la Iglesia católica, "a cuenta de la cantidad que deba asignar a la Iglesia por aplicación de lo dispuesto en los apartados uno y dos de la disposición adicional decimoctava de la ley 42/2006, de 28 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2007", según se determina en el Boletín Oficial del Estado número 315, del 31 de diciembre de 2011.

O sea: 13 millones, más un cuarto de millón, más 16.000, más 216 euros, más 12 céntimos. Al mes. De nuestros impuestos.

http://elpais.com/diario/2012/02/05/eps/1328426807_850215.html

sábado, 11 de febrero de 2012

Un momento negro

Isabel Coixet 
Un momento negro

Dominical 12/02/2012

Mi hija me mira con asombro: estoy insultando al televisor. Me ofrece una cucharada de helado como para apaciguarme y me pregunta qué me pasa, por qué insulto al tipo de la pantalla, por qué estoy armando este follón. Intento contárselo. Me aturullo. La indignación me impide articular un discurso mínimamente coherente. ¿Cómo explicarle a una adolescente de 14 años que su madre está fuera de sí porque a un señor con traje le acaban de declarar `no culpable" en un juicio, cuando su madre y unos cuantos millones de españoles que han escuchado las cintas de las conversaciones de este señor con el tipo más corrupto de Levante —o sea un tipo megacorrupto— están convencidos de que es culpable? ¿Cómo explicarle que al mismo tiempo que se juzga a este señor, se juzga a un juez honesto por investigar los hechos que pasaron en una guerra civil que ella misma está estudiando en clase, juez que además estaba persiguiendo a esos mismos corruptos? Sigo embrollándolo todo, no encuentro las palabras. Los hechos me parecen aberrantes.

La realidad esta, donde, en palabras de Manuel Rivas, "cuando no se distingue el día de la noche, la justicia de la injusticia, no hay espacio para los porqués", me supera absolutamente. Me pregunto cómo las generaciones que vengan van a explicarse este momento oscuro de la historia de este país que ya ha tenido momentos negrísimos. Pero aun en los momentos negrísimos existía —al menos esa es la sensación que yo tenía— un cierto sentido de la justicia. Quizás estoy empezando a mirar el pasado con nostalgia, pero creo que nunca ha habido tanta corrupción impune como ahora y aquí. Ni tanta hipocresía invadiendo todos los resquicios de la realidad política. Ni tanto espanto.

Ver a Manuel Fraga despedido con los honores de un prohombre, loado por articulistas, reverenciado, santificado, ha sido para mí una de las cosas más alucinantes que me ha tocado ver. ¿Nadie recuerda lo que hizo? ¿Tanto cuesta consultar las hemerotecas en la red?

Fraga, además del tipo
que se bañó en Palomares para demostrar que no había radiación y de ser el patético artífice de Spain is different, fue un estrecho colaborador de Franco que encontró su hueco en la transición y al que debería alabársele (si es que hay que hacerlo) por sus maniobras sibilinas para oler dónde guisan y por su asombroso maquiavelismo. Por nada más. Cuando ocurrió la tragedia del Prestige, además de menospreciar a los voluntarios, fueron frecuentes sus exabruptos contra los ecologistas. Tampoco parece que se recuerde que el tipo que hoy gobierna Asturias fue el que dio las órdenes equivocadas que provocaron la tragedia del buque. La sensación general es la de un mundo al revés, donde los criminales acaban absueltos y llenos de prebendas, y los inocentes y los que se han dejado la piel defendiendo los valores universales son puestos en la picota. No encuentro las palabras para contárselo a mi hija. Ni siquiera consigo contármelo a mí.

jueves, 9 de febrero de 2012

¡Qué asco de país!

Lucas Leon Simon
 09/02/2012
Hay momentos para la nausea infinita. Este es uno de ellos. Nunca me he sentido demasiado orgulloso de ser español. Conozco demasiado de la historia de este país. Rinconete, Cortadillo, el patio de Monipodio y El Lazarillo de Tormes no se escribieron por casualidad. Son un retablo, un parco reflejo de nuestra naturaleza.

Este es un país de gente ruin y torva. Truhanes, ladrones, maleantes y gente enquistada en las peores baldas del ser humano. Un clan de esta madera, el llamado Tribunal Supremo, acabar de condenar al juez Garzón a 11 años de inhabilitación y su expulsión de la carrera judicial.

¿Por qué? Casi da igual. Aparentemente por ordenar escuchas ilegales entre los cabecillas de la trama Gurtel y sus abogados cuando estaban en la cárcel. Grabaciones que estaban solicitadas por la policía y avalada por el fiscal que llevaba el caso. Estamos hablando de una trama sistemática y organizada para financiar ilegalmente a un partido del poder. Del robo de miles de millones del erario público para lucro personal de unos cuantos y de la “rentabilidad” electoral de un partido.

Asco infinito. Este país se va por la alcantarilla irremisiblemente. Un delincuente manifiesto como Francisco Camp, responsable además de la quiebra completa de la Comunidad que presidía y de un “agujero” de 60.000 millones de euros entre el Banca y la Caja de Ahorros de su territorio, es declarado no culpable y el primer condenado de un proceso sobre mafiosos es el juez que lo investiga.

Este, el blog donde escribo, es un último reducto para decir lo que pienso sin servidumbres ni a los poderes fácticos ni mediáticos. Y me siento avergonzado de pertenecer a esta comunidad mal llamada patria.

Un exponente de esa España de cuchitril y mesa camilla fue Fernando VII, “El Rey Felón”, que defecó varias veces sobre su dignidad, la de la corona y las de sus leyes. En una de sus idas y venidas fue recibido en Madrid por una muchedumbre de chulapos y manolas al grito de: ¡Vivan las caenas! Hoy, un remedo de jueces emboscados en su fascismo militante, han vuelto a gritar lo mismo. Por escrito. ¡Que les den!

Una soplapollas como Esperanza Aguirre ha recibido la sentencia con una amplia cara de satisfacción diciendo.: "un triunfo del Estado de Derecho". ¿De qué Estado? ¿De que Derecho? ¡Que le den!

Me producen un asco supremo los jueces de este país, y sus leyes, y sus gobernantes, sus manolos, chulapos, ministros, curatos y obispos pederastas. Fatalmente, malvivimos en el reino natural del latrocinio. ¡Que les den!

domingo, 5 de febrero de 2012

Contra la libertad

05/02/2012

José Manuel Monzón (Wyoming)
 
Cuando Dolores de Cospedal afirma que la imparcialidad en RTVE es mejorable tiene razón, todo es susceptible de mejora, incluso, me atrevería a decir, la presidenta de Castilla-La Mancha: roza la perfección en su hieratismo demagógico cuando proclama que el PP es el partido de los trabajadores, se pregunta en público quién repondrá la honorabilidad de Camps, o reclama austeridad en los salarios públicos, rebajando los sueldos de los funcionarios mientras sube el de sus asesores, cobrando ella misma el triple que el presidente del Gobierno anterior.
Aun así, cabría imaginar una pequeña mejora en su arrogancia despectiva y chulesca, pero donde mi imaginación no llega a percibir grado de perfección alguno es en la “parcialidad” y el saqueo de las arcas de los medios públicos allí donde gobiernan ella y sus compañeros. Recientemente nos hemos enterado de la compra de documentales de contenido político difamatorios de extrema derecha “imparcial”, alguno realizado por un personaje que se declara fascista seguidor de Mussolini. La productora comparte domicilio social con un alto cargo de Canal 9, y se pagó un precio injustificable dentro, es de suponer, de esa política de austeridad en los medios de comunicación públicos que dicen estar llevando a cabo.
Documentales que, en algún caso, para mayor escarnio, ya habían sido emitidos por Interecomía TV, cadena que recientemente entrevistó a Camps, quien manifestó su admiración por ese medio del que decía ser un asiduo seguidor. Por lo visto, su canal, Canal 9, no lo ve ni él. No le debe resultar del todo imparcial.

lunes, 30 de enero de 2012

Se pasan la vida asustándonos con todo.

Se pasan la vida asustándonos con todo.
Con las armas de destrucción masiva.
Con la capa de ozono.
Con el cámbio climático.
Con la sequía, con las inundaciones, con los peligros de la droga, con los riesgos del tabaco o de la exposición al Sol.
Con el exceso de peso, con las vacas locas, con la gripe aviar.
Se pasan la vida metiéndonos el miedo en el cuerpo.
Asustándonos con cosas que al final no existen, o si existen apenas matan.
Porque, cuantos han muerto por las vacas locas? cuantos por la gripe aviar?.
Lo que de verdad mata es el hambre del Tercer Mundo, la pobreza, la enfermedad, la guerra, el terrorismo y la cruzada contra el terrorismo. La desigualdad y la injusticia social.
Pero ellos se pasan la vida asustándonos con el coco, como...como si fuésemos niños, con todos los cocos. 
Porque saben que es más fácil gobernar a una sociedad asustada, que pide policías y ejercitos para que defiendan...para que nos defiendan de todos los enemigos que ellos fabrican o se inventan.
Ellos saben que el miedo justifica y bendice la mano dura.

EL LOCO DE LA COLINA

El miedo en el cuerpo

viernes, 27 de enero de 2012

Un jurado declara a Islero no culpable de la muerte de Manolete

 Lucas Leon Simon

Un jurado “popular” ha absuelto a Islero de la muerte de Manolete en 1947. El mismo jurado “popular” –que hacía horas extras- ha declarado “no culpable” a Francisco Camps del delito de cohecho en un asunto de trajes a medida y amiguitos del alma.

El portavoz de este jurado ha declarado que él sus compañeros están dispuestos a declarar “no culpables” a los directivos del Banca de Valencia, la CAM, de Bancaja, de Emarsa, de Brugal… que entre todos se habrán llevados “calentitos” unos 50.000 milloncetes del ala y a pedir el Toisón de Oro para El Bigotes, la Gran Cruz de Isabel la Católica para Alperi, Castedo y Hernández Mateo y la Medalla al Mérito del Organismo Nacional de Loterías para Fabra.
“Para esas estamos” ha añadido, mientras Camps, otra vez alegre, decía: “Bien, bien, esto va bien.”

España va bien, la basura va bien, los chorizos van bien, la justicia va bien y ya, los pobres españoles, que no roban, que no ponen grifos de oro es sus cuartos de baños, que no usan bolsos de Vuitton, que no quieren un huevo a su “regalador” oficial, estamos estigmatizados ante el mundo.

El que no llora no mama y este país está a punto de irse por la alcantarilla. Y eso que el mandamás es registrador de la propiedad. “A mi que registren”, dirá. La honradez ha caído en descrédito absoluto, la decencia de los cargos públicos yace llena de telarañas y los jurados “populares” sonríen bajo el antifaz.

Las elecciones producen grandes estadistas que corren a Bonn a que los bendigan, serviles y tal, se construyen monumentos al “chorizo” ejemplar y se engendran místicos banqueros, dulces como los melones o los higos chumbos.

Con estos materiales se acometen infinitas reformas laborales y hay un clamor de tijeras en el espacio. Urdargarin y los devoradores de gachas se tiran al monte solos, el sol penetra en los agujeros de las cuentas cifradas pero no consigue su opacidad. ¡Y venga declaraciones de no culpabilidad! ¡A mí que me registren, dice Mariano el registrador!

Hemos dejado de ser pobres y barrocos. Ahora somos míseros y gilipollas.

http://lucasleonsimon.wordpress.com/

martes, 17 de enero de 2012

Perdemos la juventud el día que dejamos de ser ácratas

Jesús Quintero
EL LOCO DE LA COLINA

Perdemos la juventud el día que dejamos de ser ácratas;
el día que comenzamos a comprender y a disculpar al sistema.

Perdemos la juventud el día que dejamos de soñar con el paraíso en la tierra, un paraíso para todos; el día que empezamos a llamar con desprecio utópicos a los que siguen soñando; el día que se nos despierte el sentido práctico y entramos en el juego y aceptamos las reglas.

Perdemos la juventud el día que nos levantamos dispuestos a vendernos al mejor postor y al mejor impostor; el día que nos doblemos a la sinrazón de la fuerza y del chantaje.

Perdemos la juventud el día que en nuestros cuarenta principales llega al número el dinero; el día que admitimos que todo y todos tenemos un precio; el día que estemos dispuestos a vender cualquier cosa, si no por un plato de lentejas, por unos kilos de papel.

Perdemos la juventud el día que  aceptamos al ganador y no damos un duro por una causa perdida.

Perdemos la juventud el día que aceptemos que esto es lo que hay, que siempre ha sido así y que no se puede hacer nada para cambiarlo.

Perdemos la juventud el día que nos miremos a un espejo y no se nos cae la cara de vergüenza porque hemos perdido la vergüenza.

Perdemos la juventud el día que miramos alrededor y sólo vemos lo que puede verse; el día que alargamos la mano y sólo tocamos lo que puede tocarse.

Perdemos la juventud el día que el mundo deja definitivamente de ser mágico.

EL LOCO DE LA COLINA

Han soltado a los tontos

Lucas Leon Simon

No se si la Iglesia Católica de nuestro país establece un mínimo de capacidad intelectiva para promocionar a los pastores de sus rebaños provinciales, pero si lo hace, y a tenor de los últimos ejemplos, tiene el rasero muy bajo.

A un pastor de esta grey, que andaba por allá perdido en una diócesis de tercera, cerca del Ebro, se lo traen al Sur, comienza a decir tonterías y todavía no ha parado.

En menos de dos años, el monseñor de marras ha hablado de una “conspiración de la Unesco para hacer homosexual a media humanidad”, ha negado el carácter de “Mezquita”, abdicándolo con el de “Catedral”, a una construcción milenaria, emblema de una ciudad, una cultura y religión, que es unívocamente islámica pese a su fe de carbonero, y, en plena disentería, se ha referido a las maldades de la sociedad que “conducen a la fornicación excesiva”.

“Huid de la fornicación” dice el curato en una carta pastoral, que menos mal que va dirigida solo a sus fieles. O sea, a su rebaño. En este opulento protagonismo que quiere asumir el pastor, no se sabe si destaca más por sus síntomas o por su diarrea. Y da que pensar que tenga que ser el sexo el vehículo cómplice de tanta proeza. Como si esta secta universal no tuviera ya bastante con los millares de casos de pederastia que se destapan a diario en todo el “urbe et orbi”.

Con la que está cayendo en nuestro mundo en forma de crisis mafiosa de la economía para que venga un “illuminati” cateto a decirle a los millones de parados que tienen que hacer con su sexualidad. Y además, utilizando un verbo latino inadecuadamente al contexto al que quería referirse ( fornicari tiene que ver con la relación sexual con prostitutas).

Da grima la Iglesia de nuestro país. No han hecho un mínimo ejercicio crítico de su decisiva contribución a una monstruosa guerra civil, no se ha disculpado por ello, recibe una no menos monstruosa subvención estatal, no pagan impuestos, intrigan contra la sociedad, los gobiernos y las leyes civiles y son de una cortedad de miras y de espíritu que alucina.

Vivo en la misma ciudad que el lumbreras a que me refiero, pero obsceno contra obsceno, creo que estaba en la jaula de los tontos, y, de pronto, lo han soltado.

Por encima de las posibilidades ¿de quién?

FRANCISCO PASTOR GUZMÁN - Castellón - 17/01/2012 - EL PAIS


Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, nos pide a los españoles "un esfuerzo más". Alberto 
Fabra Part, presidente de la Generalitat Valenciana, dice que los valencianos "vivíamos por encima de nuestras posibilidades".
Trabajo desde hace 14 años en I+D y desde hace 10 años lo compatibilizo con unas horas semanales de profesor en la universidad. Me esforcé de niño y adolescente en intentar aprender, sacar buenas notas y pasarlo bien. Me esforcé en la universidad para sacar la carrera y pasarlo bien.

Me esforcé luego dando clases particulares y continúo ahora esforzándome en mis dos trabajos. Hace 10 años, junto a mi pareja, compramos un piso que entraba dentro de nuestras posibilidades. Ahora, tras 10 años de esfuerzo, hemos ahorrado el dinero suficiente para pagar lo que nos queda de hipoteca. Llevo años esforzándome y nunca he vivido por encima de mis posibilidades. Podía permitirme coches más caros pero no los he comprado, nunca he pedido un crédito para irme de vacaciones, reformé mi piso cuando tuve dinero para hacerlo. Me esfuerzo en educar a mis hijos lo mejor posible, los llevo a la escuela pública y me esfuerzo en la asociación de padres para ayudar a mejorarla. Cuando mis hijos enferman los llevo a la sanidad pública y si me queda jarabe en casa le digo al médico que no me haga una receta que no necesito.

Ahora estoy a punto de quedarme sin trabajo gracias a los que han vivido "por encima de nuestras posibilidades". Ahora me piden "un esfuerzo más". Yo siempre he pagado puntualmente la hipoteca y lo sigo haciendo así que no he hundido a la banca. Yo no he hecho bajar la Bolsa, no he hundido los mercados, no he inflado la economía, no he especulado con la vivienda, no he organizado carreras de coches en mi ciudad, no necesito un aeropuerto sin aviones, no tengo yate para ver la salida de la Copa América, no he ido nunca a ver la ópera en el Palau de les Arts. Yo no he deteriorado la escuela ni la sanidad públicas, no he tenido becas ni subvenciones, no he cobrado nunca el paro ni he provocado déficit al Estado, la autonomía ni la Seguridad Social. Yo no conozco a Moody's, Fitch ni Standard & Poor's pero sí conozco a los que vivieron por encima de mis posibilidades. Yo no les voté, a mí no me representan.

Soraya, el esfuerzo se lo pides a ellos.

Hora de despertar

Mayo 20 2011


He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.

Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.

El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omnipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critican no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora, o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.

He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.
Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.

Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.

Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.